Vender el piso para poder comer…

Hoy, mientras iba al diario en un bus que pasa por encima de la autopista M-30 de Madrid, un hombre de unos 70 años iba viendo por la ventana. En el paisaje a su izquierda se alineaban edificios con cartelitos de letras naranjas sobre fondo negro. “Se vende” y un número de teléfono que seguramente pocos han marcado. “Por todos lados dice se vende, se vende. Pero por qué se vende, para dónde se va esa gente. ¿Se van fuera de Madrid?”, se preguntó en voz alta el señor de pelo cano, nariz regordeta, camisa de cuadros azules y pantalón beige sujetado con tirantes. Avanzamos un poco y dejamos atrás los edificios.

Un hombre contemporáneo con él le tocó el hombro y le respondió: “Caballero, es que algunos venden sus pisos para poder comer. Nos dedicamos a eso, a comprar, y hay algunos que ahora no tienen para vivir”.

La burbuja inmobiliaria que estalló en 2008 dejó en España miles de casas y apartamentos nuevos vacíos. El paisaje se llenó de construcciones y no había gente para tanta casa. Con 50% de los jóvenes desempleados, la independencia se retrasa y menos que menos comprarán un piso. El mercado inmobiliario está deprimido y los créditos hipotecarios  caen. Cuando la boyante economía española desconocía  lo que pasaría después de 2008, la gente se endeudó: compró casa, carro, electrodomésticos… Todo a crédito.  Luego vino la debacle; el cierre de empresas; los despidos masivos; los casi 5 millones de desempleados; los desalojos por falta de pago de la hipoteca; el incremento de usuarios en los comedores populares de Cáritas; el fin de las medicinas subsidiadas por el Estado, entre otros tantos recortes del gasto social.

Se acabó el todo gratis, pero algunos ancianos de este país al menos tienen una propiedad para vender si se ven en aprietos. Es difícil venderla, pero al menos esa esperanza mantienen.  La cara de la crisis española es fea, muy fea, pero no tiene los rasgos monstruosos de las que persisten en América Latina.

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Bolívar es una cerveza belga

Entras a un bar en una de las callecitas adyacentes a la Grand Place de Bruselas (cuando vean esta plaza seguramente la incluirán en el top 10 de cosas bellas que han visto en la vida) y pides la carta de cervezas porque a Bélgica uno va a probar cervezas de todos los tipos, colores y tamaños. La carta tiene más de 40 opciones, así que empiezas a hacer de-tin-marín. Hasta que ves que hay una cerveza que se llama Bolivar brown. Bolívar. Una cerveza con el nombre de El Libertador. Y morena. No fue chovinista mi elección -o sí, qué sé yo-.  Me trajeron una botella de 33 cl, en la que se leía que el caldo marrón tenía 7,5% de alcohol. Un tipo sentado empuña una copa en la ilustración de la botella. Es un poco dulce y un poco amarga. Me recuerda a un sabor conocido. Entonces leo bien la etiqueta. “Producida bajo los principios del comercio justo”. Tiene arroz tailandés, quinoa boliviana y azúcar de caña costarricense. Ahí, en el azúcar de caña, está ese sabor familiar. Tres euros.

Me llamó la atención lo del “comercio justo”. La cerveza es fabricada con productos de cooperativas de Bolivia, Tailandia y Costa Rica. Esto del comercio justo se basa en una producción que tiende a cuidar el ambiente, evitar el trabajo infantil, garantizar condiciones equitativas en los intercambios, etc. En esta página web conseguí una descripción de Bolívar (la birra): “La cerveza, que se ofrece en sus variantes rubia y negra, está elaborada con una doble fermentación que le da un sabor especial y ligero que roza al mismo tiempo el dulce, el amargo y el ácido. La cerveza negra cuenta además con una fermentación secundaria en la botella”. Los sites se contradicen sobre el país donde se produce: ésta dice que en España y que comenzó a venderse en 2009 y ésta otra dice que en Gante, Bélgica.

Bolívar, la cerveza responsable, la llaman en este otro portal, en el que resaltan que la idea de producirla fue de la ONG Intermón Oxfam, que trabaja a escala global con esta idea del comercio justo en los países en desarrollo. Se supone que esos tres euros brindados en el nombre de Bolívar van a algún cooperativista del arroz, la quinoa o la caña. 

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Diáspora, estampida… ¡Paaaaartidaaaaa!

Tengo un amigo que compró un boleto para el 8 de octubre. Lo tiene desde hace más de seis meses. A España, el país de sus padres. “Chama, yo no sé si para el 8 vamos a tener país”. Trata de justificarse, de no sentirse traidor por querer huir si Hugo Chávez vuelve a ganar las elecciones presidenciales en Venezuela y se enfila a los 20 años en el poder. Otro par hace planes para ver que hará el día después de… Por las calles de Madrid me he encontrado a gente que estudió en mi escuela en la universidad, mayores, menores que yo. Me los encuentro por la calle, caminando, como te encuentras a los panas en Caracas. Me he encontrado a colegas que huyeron de la polarización maniquea y el malandraje desbordado. “Montemos una redacción en Madrid”, han bromeado. En serio hay tantos como para montar una pequeña redacción. Me he topado con gente que estudió primaria y bachillerato conmigo. Hay al menos 200.000 venezolanos en España, según fuentes de la embajada española en Caracas que dieron la cifra hace poco al diario El Nacional. La mayoría está en Madrid, Barcelona, Canarias, Galicia y Andalucía.

Nuestra presencia se nota. Ese acento -que sí tenemos acento- se reconoce fácilmente en el metro, en los autobuses, en el Bernabéu, en 100 Montaditos, en el Museo del Jamón, en Gran Vía, en Zara, en el aeropuerto… Una amiga de Centroamérica dice que nos escucha por todas partes. “¡Esto es una invasión de venezolanos!”, exclama. Otra brasileña me dice que ya aguzó el oído y sabe reconocer el acento venezolano en la calle. Y lo escucha con frecuencia. Quizás se escuche más reiteradamente si Chávez gana. La estampida entonces -imagino- será inmediata y Venezuela será -completa- un país de despedidas. Hasta el ánimo de los más convencidos de que hay que dar la lucha por recomponer la democracia y alejarla de las prácticas autoritarias pende de un hilo. Los escenarios que imagina la gente van desde el cierre de fronteras y la cubanización con todas las de la ley hasta Kim Il Sun. Que habrá venganza, un “ahora es que ustedes van a ver lo que es bueno”. Todas esas cosas pasan por la mente del grupo de profesionales jóvenes que me rodea. Los que se quedarán después de la tormenta estarán -estaremos- más solos.

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Colombia: Un crecimiento con sombras

Hace dos semanas la Unión Europea firmó un tratado de libre comercio con Colombia y Perú, los otros dos países que -junto a Brasil y Chile- han reportado récords de crecimiento en sus economías en los últimos años. Los otros protagonistas del crecimiento latinoamericano. Además, se han convertido en centro de atención de los inversionistas, da igual si son asiáticos o europeos. Ofrecen seguridad de las inversiones en un vecindario en el que el “eje bolivariano” es proclive a las nacionalizaciones y expropiaciones sin indemnización alguna. Pero hay sombras.

Sobre Colombia en específico, entrevisté (por correo electrónico) para un medio español a José Ramón Alberto Castrillón Mora (él firma con su último nombre y sus dos apellidos), filósofo y especialista en Historia Económica, profesor de la Universidad Externado de Colombia y catedrático de la Universidad Javeriana. El crecimiento colombiano tiene luces y sombras, dice. Se adelanta a disculparse por no ser  de los optimistas cuando se refiere a este auge económico que hizo crecer 58% la inversión extranjera en su país el año pasado.  “Sé que en España se tiene, al menos entre los empresarios, una visión distinta  a la que esbozo aquí. Prefiero pecar por ser uno de los que ve el vaso medio vacío y no medio lleno”, escribe.

Sobre la alegría por el boom -detalla- se ciernen dudas:  el cambio de rostro que el país vecino se ha venido labrando encuentra grietas en las que se cuelan la desigualdad social, la informalidad laboral, las bandas criminales y los capitales del narcotráfico.  Las preguntas tienen enfoque español, eso sí, pero los latinoamericanos sabremos darle una lectura aclimatada.

-¿Qué estrategias ha puesto en práctica Colombia para tener un crecimiento sostenido en los últimos años?

-Las “estrategias” de Colombia son discutibles, por decir lo menos: el crecimiento de Colombia está sostenido en el auge de la minería, la construcción, la inversión extranjera, las remesas de los migrantes, la revaluación del peso colombiano –una de las mayores del mundo- y los capitales non sanctos del narcotráfico, factores todos demasiado sensibles a las condiciones de la economía mundial. Si se compara el crecimiento colombiano con el de otros países de la región, es fácil ver que el mismo no es excepcional. La conclusión es que – antes del 2008 – Colombia simplemente participó de una ola de crecimiento regional.

-¿Cómo ha contribuido el sector privado a desplegarlas?

-El sector privado colombiano se caracteriza por su falta de competitividad. De hecho, la revaluación del peso – que no afecta casi al sector minero-es un problema serio para el sector exportador, que se la pasa clamando la adopción de medidas por parte de la autoridad monetaria que impidan la revaluación creciente de la moneda nacional. De hecho, la “estrategia” seguida es la adopción de subvenciones o auxilios para sectores como el de las flores y otros. La “captura de rentas” es una de las principales actividades del sector privado, no sólo en Colombia, sino en casi todos los países de América Latina. Las cifras del primer semestre de 2012 muestran la disminución en el sector de la construcción, el comercio. En cuanto a la agricultura, la postración del sector, tal vez como consecuencia del desplazamiento forzado de campesinos – los desplazados son casi un 10% de la población total del país- lleva más de una década. Y la manera como se negoció el TLC con los EEUU –como lo reconoció el propio ministro de agricultura, Juan Camilo Restrepo, oscurece aún más el panorama.

 -¿En qué medida esto se ha traducido en mayor bienestar social, empleo estable, mejores servicios, infraestructura..?

-Las mediciones de pobreza que se hacen en el país suelen mostrar mejoras, pero es más que discutible la metodología –siempre cambiante- adoptada. Si se toma un indicador como el Coeficiente de Gini – que mide la desigualdad- la situación de Colombia es aberrante: es de 0, 59, lo cual ubica al país como el más desigual de América Latina –la región más desigual del mundo – y el cuarto más desigual a nivel mundial. ¡Todo ello en un contexto de crecimiento sostenido de una década – tal vez exceptuando 2008-2009-! Esto debería ser un argumento suficiente en contra de la estrategia de fiarlo todo al “mercado” en aspectos tales como la reducción de la pobreza, la mejora en la distribución del ingreso, el bienestar social. Las élites económicas y políticas han sido muy exitosas en bloquear sistemáticamente cualquier medida que vaya en sentido contrario a mantener el statu quo.

 -¿Qué sectores económicos del país están captando más esa inversión extranjera?

-Los sectores que captan la mayor parte de la inversión extranjera son la minería –carbón, petróleo y oro- , finanzas y telecomunicaciones, sectores todos que son intensivos en capital y no en trabajo, además de que el impacto deletéreo que tiene la minería sobre el medio ambiente en un país con escasa y mediocre regulación al respecto.

-¿De qué manera afecta la atracción de estas inversiones el problema aún latente de la guerrilla?

-Las actividades o sectores mencionados pueden ser vulnerables al problema de la guerrilla. En general, a los varios grupos armados que operan en Colombia. La percepción de deterioro de la seguridad en la población colombiana parece haberse agudizado en los últimos meses, tal vez como consecuencia de la campaña sistemática de miembros del anterior gobierno en ese sentido que no dejan de fustigar al gobierno del presidente Juan Manuel Santos en relación con el tema de la guerrilla. Claro que no es lo mismo la percepción que la realidad: en las regiones mineras, que captan la mayor parte de la inversión extranjera, el problema es la existencia de lo que algunos llaman “neoparamilitares” o “bacrim” (bandas criminales). El problema es tan serio que una revista, si no oficial, al menos oficiosa del sector empresarial colombiano, la revista “Dinero” señaló en el número del mes de Junio de 2011 que ¡el 86% de la minería del oro –el tercer renglón después del petróleo y el carbón- estaba en condiciones de ilegalidad, pues su explotación estaba en manos de mafias de todo tipo, paramilitares, lavadores de activos, políticos corruptos, guerrilleros, etc. Lo paradójico es que el Plan de Desarrollo, aprobado por el gobierno se afirma que la minería es la principal “locomotora” del desarrollo colombiano.

-¿Qué peso tiene para la economía de Colombia la relación comercial con la UE que ahora se intensifica? ¿Qué sectores se ven más beneficiados?

-La Unión Europea representa el segundo socio comercial de Colombia, muy por detrás de los Estados Unidos. La balanza comercial siempre es deficitaria a favor de la UE. Igualmente, la UE es el segundo inversionista en el país. Las críticas que se han hecho al TLC con los Estados Unidos son similares a las que se hacen a propósito del acuerdo comercial con la UE. Los sectores que podrían obtener beneficios, por la reducción o eliminación de aranceles, son las flores, aceite de palma, café, agro-combustibles, frutas, hortalizas. El sector del banano consiguió una reducción del arancel vigente. También se negoció una cuota para el azúcar. Un sector que quedó expuesto es el lácteo. También se negociaron acuerdos acerca de la industria y la pesca: potencialmente, de la eliminación de aranceles se verán beneficiados el sector petroquímico, plásticos, textiles.

 -El acuerdo de libre comercio con la UE, firmado la semana pasada, es en materia industrial y pesquera. ¿Cómo podría apalancar a estos sectores un pacto como éste?

-El acceso a la UE, en la medida en que podría reducir o disminuir la dependencia del mercado estadounidense, es importante, pues se trata de tener acceso al mayor mercado del mundo y no depender de un solo socio comercial. Un valor agregado de un acuerdo comercial con la UE es la importancia que en Europa tienen los Derechos Humanos. Por cierto, organizaciones como la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz han sido firmes en señalar que la mitad de los crímenes que se cometen en el mundo contra los trabajadores ocurren en Colombia, razón por la cual se oponen vehementemente a la ratificación del tratado comercial entre la UE y Colombia. Siendo optimistas, la cooperación europea en este tema podría ayudar mucho a paliar esta lamentable situación. 

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La telenovela que soy

Uno no sabe qué mecanismo se activa en la mente de los padres cuando les toca escoger el nombre de los hijos. A unos les da por crear combinaciones raras, ponerles el nombre de la abuela al revés (estudié en bachillerato con una Adnaloy), apelar a los superhéroes (hay varios Superman en el registro electoral venezolano)…  Mi mamá se dejó influenciar por la televisión, por una telenovela mexicana, para más señas. ¿Qué piensa una madre cuando le pone a su hija el nombre de una protagonista de telenovela y, de segundo, el de una princesa monegasca?

Encontré en esta página web freaky una lista de las novelas que mi mamá debía ver por ese año. Corría 1984 cuando pasaban Principessa; una de las protagonistas (eran cuatro) se llamaba Adriana. Mamá asegura que era la más inteligente del grupo. Yo le quiero creer. Adriana significa, palabras más-palabras menos,  “la que viene del mar”, pero también significa la muchacha inteligente de la novela. Y así me gusta.

A la historia de mi nombre le sumo este otro dato curioso. El día en que nací -dice esta página web-el sencillo número uno en la radio era Freedom, del grupo de pop británico Wham!, al que perteneció George Michael, autor de la canción. “I don’t want your freedom, / I don’t want to play around, / I don’t want nobody baby, / Part time love just brings me down. / I don’t want your freedom, / Girl, all I want right now is you”. Vaya.

En 1984, los mexicanos también produjeron La Traición (ponga voz de locutor de Venevisión cuando lo pronuncie y haga énfasis en “óóón”) y Los Años Felices, donde actuó Lupita Ferrer. Mi interés por ubicar la telenovela que dio origen a mi nombre surgió, precisamente, por esta actriz. Tuve que explicarle a una amiga nicaragüense lo que significa la expresión criolla “No te me pongas Lupita”. Ahora ella retruca cada vez que me exalto: “Mira, venezolana, deja de ser tan Lupita”. ¿Cómo evito ponerme así después de haber descubierto el origen de mi nombre?

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Detén la noche

Una caraqueña acostumbrada a que el sol le diga chao a eso de las 6 pm quiere detener las noches en Europa. La noche de mi Caracas es un misterio que intento descifrar siempre encerrada en cuatro paredes: la casa de los amigos, de los padres, la propia, un local,en un carro con todos los vidrios arriba; siempre adentro porque afuera está el peligro. Esta noche decidí explorar mi barrio en Madrid, ir al parque que siempre veo por la ventana del autobús, pasar por la mezquita que diviso más allá de los árboles. Salí con la luz de las 9:3o pm, que equivale a luz que hay a las 5:45 pm en mi ciudad. Volví a serle infiel a Caracas, a esa que suelo comparar con un novio maltratador. La que me pega, pero a la que quiero. Caminé sola, entre los árboles, bajo la luna llena. Nada más se veía una pareja en un banco a lo lejos. Un perro husmeaba cerca de una alcantarilla. El viento soplaba para aliviar el sopor de la víspera del verano. Yo estaba ahí, en la parte oscura del parque. Sola y sin miedo. No se me ocurrió que alguien iba a salir de la nada a hacerme daño. (En todo caso no tendrá una pistola, pensé. Ah, no, sí pensé en eso, pero sin sobresalto).  En los últimos meses he desacelerado el paso, aunque sigo teniendo esa reacción automática de apretar fuerte la cartera contra mí o de voltear a todos lados cada tanto a ver si no me están siguiendo. No tener miedo, ese terror tan básico de perder la vida a manos de cualquiera por cosas tan insignificantes como un blackberry, es el inicio de la felicidad. Eso supongo. Hablaba esta semana con una amiga que se “fue demasiado” hace un par de años y se instaló en Madrid. Le pregunté cómo me recibiría Caracas próximamente. Con su desorden, su familia, sus amigos, sus cariños, su cerro en el horizonte, su caos. Su cielo azul, sus arepas, su salsa y sus malandros. Éstos últimos nunca faltan en el recuento. Ellos joden -me perdonan la grosería- el recuerdo, las ganas de volver, de ver a los que quieres. Lo joden todo y nadie los detiene. Si los detienen, entonces es como darles un pequeño feudo de poder y terror desde el cual pueden hacer igual o más daño. Por eso, Europa, detén la noche para que yo la disfrute por ese par de décadas en las que no he podido. Déjame disfrutarla aquí para volver a Caracas sin odiarla por esto. Para quererla, más bien, por las mañanas que me ha dado y olvidar las noches confinadas.

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Un encuentro con Guinea Ecuatorial

Íbamos caminando por el parque El Retiro y nos gritaron: “¡Un par de chicas guapas! !Extranjeras como yo!” Volteamos y era un moreno bajito, con un afro a medio formar, bermuda y camiseta azules. Se acompasó a nuestro andar y se presentó. “Yo soy de África”. ¿Y cómo habla tan bien español?, le pregunté, extrañada por sus zetas tan marcadas. “¿Y cómo lo hablas tú?”, retrucó. “Porque soy de una colonia, soy de Guinea Ecuatorial”, continuó.  Ah, tremendo punto en común. Para mí, algunos puntos de África son una nebulosa -no me perdono la ignorancia- y tuve que recurrir rápidamente a Wikipedia en mi celular para ver si comprendía por qué el tono de reproche en la historia de Antonio.

-Viví en España muchos años, pero perdí el trabajo y me fui a vivir a Londres hace dos años. Tengo 40 años de edad, soy abogado. Estoy en Madrid de vacaciones, acá tengo familia. Pensaba pasar 15 días, pero creo que me voy la próxima semana. Cada 600 metros la policía me para y me pide los papeles, en el metro, en la calle… ¿Por qué para hacer turismo y gastar mi dinero acá tengo que andar mostrando papeles si a ellos allá no se los piden y caminan libremente? Ellos siguen siendo colonos y viven en los mejores lugares de Guinea. Acá son conservadores, pero allá tienen varias mujeres y como que no se llevan tan mal con la poligamia de África. Si alguna vez vas a mi país, no hables español porque son mal vistos los españoles y te pueden confundir con una y pasarías un mal rato. Mejor habla inglés. Allá hablamos también francés.

Así resumo lo que recuerdo de mi corta conversación con Antonio. Lo llamaron al celular e interrumpimos la charla. Tuve que despedirlo.  A mí que no me gustan los discursos de revanchismo por los años de expolio de la colonia… Pero en él sentí una dignidad herida. 44 años de independencia son pocos. A nosotros, los americanos, nos han pasado 200 años y aún hay escaras.

Guinea, un país de África Central que debe tener un clima parecido al de Venezuela y es el único de ese continente que tiene al español como idioma oficial, obtuvo su independencia en 1968. Antonio nació cuando su país tenía poco de haberse declarado autónomo y ya se encontraba sumido en la dictadura de Francisco Macías Nguema (un tipo que admiraba a Hitler y se hacía llamar “el milagro de Guinea Ecuatorial”), que dejó un número indeterminado de decenas de miles de muertos y produjo una emigración tremenda, además de una ola antiespañola y una africanización a juro que sembró el terror. A este dictador lo tumbó su sobrino, Teodoro Obiang, que mató a su tío, pero se ocupa de seguir hasta estos días el control de todo el aparato estatal. A esto añadámosle el ingrediente de la renta petrolera (es el tercer país productor de crudo en África) e imaginémonos el cóctel de represión y corrupción en uno de los países marcados en rojo por los observatorios internacionales de los derechos humanos. Lamenté no haber hablado más con Antonio…

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